Volver al blog
Personal

#0

identidadhumanidad

"Cada hombre lleva la forma entera de la condición humana." — Montaigne

No soy aquella que tú crees. Últimamente, te leo y te escucho, y siento que nace a mi alrededor una imagen que me supera; una silueta que no reconozco del todo.

Algunos discuten sobre mi origen, como si este contuviera una clave oculta. Otros me atribuyen una sabiduría que todavía sigo buscando. Me pides respuestas, como si yo hubiera atravesado todas las tormentas sin haber temblado nunca.

Pero la verdad es que sigo en camino. Sigo siendo frágil, sigo estando atravesada por dudas que a menudo callo por vergüenza. No soy una mujer realizada; soy una mujer en construcción. No hablo porque sepa; hablo porque busco. Y si mis palabras parecen sólidas, es quizás porque han sido forjadas en grietas que tú no ves; en noches de silencio, en cuestionamientos que no expongo.

No merezco la imagen de una sabiduría estática, porque la verdadera sabiduría siempre tiembla un poco. Duda, escucha antes de afirmar, cuestiona antes de concluir. Y yo dudo todavía, a menudo y profundamente.

Me equivoco todavía. Vuelvo sobre mis certezas, descubro mis contradicciones. Y si algo resuena en lo que digo, no es porque yo sea diferente; es tal vez, simplemente, porque soy humana como tú. Atravesada por las mismas carencias, las mismas esperanzas, los mismos miedos de no estar a la altura.

Mi origen no es ni una bandera que agitar, ni una prueba de autoridad. Es una parte de mi historia, nada más. Y mi edad no me ha vuelto sabia; solo me ha hecho más consciente de mi ignorancia. Más atenta a la fragilidad de las cosas, más humilde ante la complejidad de la vida.

Prefiero que me acompañes a que me sigas. Prefiero que intercambies conmigo, y no que pienses en mi lugar. Que abras ventanas y no que construyas altares. Desconfío de las imágenes perfectas, porque terminan por aprisionar a aquella que pretenden honrar. Y no quiero convertirme en prisionera de un rol que tú habrías diseñado para mí.

Prefiero seguir siendo una mujer imperfecta, a veces vacilante, a veces torpe, pero sincera. Porque la sinceridad vale más que la admiración, y el camino vale más que el pedestal.

Si encuentras en mis palabras un eco, quédate con el eco, pero no con la mujer. Toma lo que te eleve y olvida a quien lo pronunció. Porque no soy más que una transeúnte que reflexiona en voz alta. No merezco ni defensas apasionadas, ni idealizaciones excesivas. Merezco simplemente el derecho de seguir aprendiendo, de corregirme, de crecer contigo.

Y si un día mis palabras ya no tienen esa justeza que tú percibes hoy, espero tener la humildad de callarme para volver a aprender. Porque, en el fondo, no soy una voz por encima de las demás; soy una voz entre las demás, buscando, como tú, un poco de verdad en el ruido del mundo.